Durante la intimidad, muchas personas priorizan la respuesta externa por encima de sus propias sensaciones. Aprender a escucharse implica dirigir la atención hacia el cuerpo, las emociones y las señales internas que surgen en el momento.
La autoescucha permite reconocer cambios en el deseo, la energía o la comodidad sin necesidad de justificarlo. Esta práctica favorece una sexualidad más flexible y respetuosa.
Escucharse no significa interrumpir constantemente la experiencia, sino habitarla con presencia. Desde este lugar, la comunicación se vuelve más clara y la intimidad más auténtica.
La renovación sexual se profundiza cuando la experiencia íntima se convierte en un diálogo interno continuo, amable y consciente.