Marisol y yo teníamos un matrimonio abierto en fantasía, pero nunca en práctica. Hasta que mencionó a Javier, su compañero atractivo y carismático. "Es guapo, ¿no?", dijo una noche. Yo asentí, excitado. "Si quieres... puedes probar". Ella rio, pero sus ojos brillaron.
Una cena de equipo se convirtió en la oportunidad. Marisol se vistió provocativa: vestido corto, sin sostén. Regresó tarde. "Pasó algo", confesó. Javier la había besado en el coche. Yo me puse duro al instante. "Cuéntame todo". Lo hizo: besos apasionados, manos en sus tetas, dedos en su coño. "Me pidió ir a su casa". Le dije que fuera.
Esa noche volvió con detalles: Javier la desnudó lentamente, lamió cada centímetro, la penetró con fuerza en misionero, luego doggy. Ella se corrió gritando su nombre. Yo la escuchaba masturbándome. Al día siguiente, invité a Javier a casa "para hablar". Terminó en tríos: yo mirando mientras él la follaba, luego uniéndome.
Marisol se convirtió en hotwife plena: encuentros semanales, videos para mí. El cuckold me excitaba más que nada