Cuando se habla de enfermedades de transmisión sexual (ETS), la información suele ser incompleta o superficial. Muchas veces se mencionan solo las más conocidas, dejando fuera otras infecciones igual o más peligrosas por su dificultad para detectarse, su impacto a largo plazo o el estigma que las rodea. Esta guía busca explicar de forma clara cuáles son algunas de las ETS menos comprendidas, por qué representan un riesgo real y qué medidas efectivas existen para protegerse.
Por qué algunas ETS pasan desapercibidas
Muchas ETS no presentan síntomas evidentes durante largos periodos. Esto provoca diagnósticos tardíos, transmisión involuntaria y complicaciones graves. La falta de educación sexual integral y el miedo a hablar del tema contribuyen a que estas infecciones se minimicen o ignoren.
ETS poco explicadas pero de alto riesgo
Virus del Papiloma Humano (VPH)
Es una de las ETS más comunes y también una de las más subestimadas. Algunas cepas pueden causar cáncer cervicouterino, anal, de garganta o pene. En muchos casos no presenta síntomas visibles.
Protección real: uso de condón (reduce riesgo, pero no lo elimina), vacunación y revisiones médicas periódicas.
Herpes genital
No siempre se manifiesta con brotes visibles. Puede transmitirse incluso sin lesiones activas. Aunque no tiene cura, sí puede controlarse.
Protección real: comunicación con la pareja, uso de condón y tratamiento antiviral para reducir transmisión.
Sífilis
En etapas tempranas puede pasar desapercibida y luego evolucionar a fases graves que afectan órganos vitales y el sistema nervioso.
Protección real: pruebas regulares y tratamiento oportuno con antibióticos.
VIH
Aunque hoy es una condición tratable, sigue siendo una de las ETS con mayor impacto físico y emocional. Muchas personas viven años sin saber que lo tienen.
Protección real: uso consistente de condón, pruebas frecuentes, PrEP (profilaxis preexposición) y tratamiento antirretroviral.
Clamidia y gonorrea
A menudo son asintomáticas, especialmente en mujeres. Sin tratamiento, pueden causar infertilidad y dolor pélvico crónico.
Protección real: pruebas periódicas, uso de condón y tratamiento antibiótico.
Errores comunes sobre la protección
Pensar que “si no hay síntomas, no hay infección”
Confiar solo en métodos hormonales (no protegen contra ETS)
Evitar pruebas por miedo o vergüenza
Creer que solo ciertos tipos de personas contraen ETS
La realidad es que cualquier persona sexualmente activa puede exponerse.
Cómo protegerte de verdad
Educación sexual continua
Informarse más allá de lo básico permite tomar decisiones conscientes y responsables.
Uso correcto del condón
Usado desde el inicio hasta el final del contacto sexual, reduce significativamente el riesgo.
Pruebas regulares
Hacerse pruebas aunque no existan síntomas es una de las medidas más efectivas de prevención.
Comunicación abierta
Hablar con la pareja sobre historial sexual, pruebas y límites fortalece la confianza y reduce riesgos.
Atención médica oportuna
Ante cualquier cambio o duda, acudir a un profesional de la salud evita complicaciones mayores.
Romper el estigma también es prevención
El miedo al juicio social es uno de los mayores obstáculos para la prevención. Normalizar las pruebas, la conversación y el cuidado sexual es clave para reducir la propagación de ETS.