Las relaciones cambian con el tiempo, y con ellas también cambian las necesidades, deseos y límites de cada persona. Sin embargo, muchas parejas mantienen acuerdos implícitos que fueron establecidos al inicio de la relación y que no siempre se revisan. La renovación sexual está estrechamente ligada a la capacidad de actualizar estos acuerdos, adaptándolos a la realidad presente.
Renovar acuerdos no significa que algo esté mal, sino que la relación está viva y en evolución.
Son entendimientos compartidos sobre cómo se relacionan, qué esperan el uno del otro y cómo viven su intimidad.
Los acuerdos pueden ser explícitos o implícitos.
Con el tiempo, las personas cambian. Mantener acuerdos antiguos puede generar frustración.
Revisar evita suposiciones.
Algunos acuerdos provienen de creencias culturales o experiencias pasadas.
Cuestionarlos abre posibilidades.
Compartir qué se espera hoy de la relación y de la vida sexual.
La claridad reduce conflictos.
Los acuerdos deben contemplar tanto lo que se desea como lo que no.
Ambos importan.
No siempre habrá coincidencia total.
La negociación es parte del proceso.
Los acuerdos no son contratos rígidos.
Pueden ajustarse con el tiempo.
Los acuerdos se construyen, no se exigen.
El consenso es clave.
Hacer de la revisión un hábito fortalece el vínculo.
La revisión previene acumulaciones.
La sexualidad y la renovación de acuerdos en pareja van de la mano. Cuando los acuerdos se actualizan desde la comunicación y el respeto, la intimidad se vuelve más honesta, consciente y alineada con quienes son hoy.