El deseo sexual no depende solo de estímulos externos. Gran parte de su fuerza se construye en el diálogo interno que cada persona mantiene consigo misma. Pensamientos recurrentes, autocrítica o expectativas rígidas pueden bloquear la experiencia íntima incluso cuando existe conexión con la pareja.
Cuando el diálogo interno es negativo, el cuerpo responde con tensión o desconexión. Esto genera un círculo donde la falta de deseo refuerza la autocrítica, dificultando cualquier intento de renovación sexual.
Trabajar en el diálogo interno implica observar cómo se habla uno mismo sobre el cuerpo, el placer y el derecho a disfrutar. La renovación del deseo comienza cuando se reemplaza la exigencia por la curiosidad y la aceptación.
Una sexualidad más consciente surge cuando la mente deja de ser un obstáculo y se convierte en aliada del cuerpo. Este cambio interno tiene un impacto directo en la forma en que se vive la intimidad.