El juego es una expresión natural de curiosidad, exploración y disfrute. Sin embargo, muchas personas lo asocian únicamente con la infancia y lo excluyen de la vida adulta. Recuperar una actitud lúdica en la intimidad puede ser una vía poderosa para renovar la conexión.
No se trata de infantilizar.
Se trata de explorar con ligereza.
Curiosidad, flexibilidad y apertura.
No requiere grandes ideas.
La rigidez bloquea.
La ligereza abre.
El juego no busca resultados.
Busca experiencia.
La imaginación amplía posibilidades.
La mente participa.
La risa genera conexión.
Humaniza el encuentro.
El juego puede ser sutil.
No necesita extremos.
El juego siempre es consensuado.
El respeto es base.
El juego surge cuando hay apertura.
La actitud importa.
El juego introduce frescura, curiosidad y ligereza en la vida íntima. Integrarlo permite que la sexualidad se viva con mayor espontaneidad y menos rigidez.